Programa: Esperanza Educativa
Proyecto: Útiles de Esperanza
País: Costa Rica
Febrero 2026
Cuando la fe transforma una comunidad
Una historia desde El Progreso, Barranca – Puntarenas
A finales de enero, como parte de la gira nacional del proyecto Útiles Esperanza, del programa Esperanza Educativa, llegamos a la comunidad de El Progreso, en Barranca de Puntarenas. El sol del Puerto no daba tregua y, aun así, había decenas de niños y familias esperando con paciencia el inicio de la entrega de útiles escolares. Todo era sencillo, ordenado y profundamente digno. Entre las personas que organizaban la actividad había una mujer que llamaba la atención sin proponérselo: de ojos claros, sonrisa linda y una personalidad firme pero amorosa. Conocía a cada niño por su nombre y apellido, y las madres se acercaban a contarle sus preocupaciones o compartirle buenas noticias. Era evidente que no era solo una líder comunitaria, era un pilar para ese lugar. Su nombre es Doña Xinia.
La entrega transcurrió con alegría bajo el intenso sol puntarenense: niños corriendo, voluntarios organizando paquetes, fotografías, abrazos espontáneos y miradas llenas de ilusión. Cuando ya no quedaban más útiles por entregar, Doña Xinia, con total naturalidad, dijo: “Bueno, ahora vamos a comernos una merienda”. Nos sentamos todos los voluntarios y compartimos un delicioso gallito de salchichón que habían preparado con cariño. Entre conversaciones y risas comenzaron a contarnos sus sueños para la comunidad y cómo, en poco tiempo, habían visto cambios que solo podían describir como obra de Dios.
Nos explicaron que ese mismo espacio donde estábamos sentados, donde ahora los niños juegan tranquilos y las familias conversan sin temor, antes había sido un búnker. Un lugar peligroso, poco transitable, donde la adicción marcaba el ambiente. Hoy no hay basura a las afueras, no hay miedo en las esquinas y los niños caminan con libertad. La transformación parecía casi un milagro.
Poco a poco la conversación se volvió más íntima y fue entonces cuando Doña Xinia decidió compartir su testimonio. Hace un año su hijo menor falleció en un accidente de tránsito. Con voz firme pero con los ojos llenos de lágrimas nos contó que su hijo no andaba por buen camino, que el mundo lo había consumido, y que mientras él permanecía hospitalizado en estado crítico y sin esperanza de vida, su oración a Dios fue una sola: que pudiera conocer a Jesús. Le pidió una oportunidad para hablarle de Su amor y prometió servirle con todo su corazón. Días después, su hijo abrió los ojos; ella lo llama el primer milagro. Pudo hablarle, compartirle el mensaje de salvación, y él logró arrepentirse, pedir perdón y confesar que quería estar cerca de Jesús. Horas más tarde falleció.
Y ahí entendimos la dimensión de su fe. Doña Xinia no hablaba desde la amargura sino desde la certeza. Nos dijo que, aunque lo extraña cada día, su corazón descansa en la convicción de que su hijo es salvo. Que su refugio ha sido Dios, que su servicio en la comunidad es ahora su estandarte y que, a través de sus decisiones, Dios se ha glorificado en ese lugar. Personas que no creían ahora creen, hombres y mujeres que antes vivían en la adicción se acercan a escuchar sobre el amor de Jesús, y aquella esquina que un día representó oscuridad hoy es un punto de encuentro y esperanza.
Hoy ese espacio que antes representaba peligro aún es un lugar sencillo, expuesto al sol intenso y a la lluvia, sin las condiciones adecuadas para que los niños y las familias puedan reunirse con comodidad y seguridad.
Queremos dar el siguiente paso.
Soñamos con construir un techo que permita que las actividades, talleres y encuentros comunitarios continúen durante todo el año, sin importar el clima.
Sigamos construyendo esperanza, juntos.
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