País: Indonesia
Septiembre 2025
Bunga tiene 10 años y vive junto a su familia en el Sureste Asiático. Su vida cotidiana está marcada por la venta de chatarra/basura, un trabajo duro que apenas les permite cubrir sus necesidades más básicas. En su hogar, la alimentación es muy limitada: la mayoría de los días solo logran comer arroz con tofu o tempe (una mezcla típica hecha a base de soya fermentada).
Gracias a Dios, y al amor que tantas personas ponen en sus manos para cuidar a los niños, Bunga descubrió la Casa Esperanza, un lugar donde puede recibir comidas nutritivas, variadas y llenas de vida. Ahora puede comer pollo, pescado, carne y verduras frescas todos los días.
Hoy, ella misma cuenta con alegría que, cuando come verduras en la Casa Esperanza, siente más energía y motivación para estudiar y también para jugar con sus amigos después de la escuela.
Queremos dar un agradecimiento muy especial a Casa Esperanza en el Sureste Asiático, que ha sido la extensión de nuestros brazos allá, compartiendo no solo comida, sino cuidado, amor y oportunidades para que estos niños se sientan valiosos ante los ojos de Dios y del mundo.
Cada plato servido, cada sonrisa de Bunga, es un recordatorio de que Dios usa manos dispuestas a servir para transformar vidas, y que cuando damos con amor, estamos sembrando esperanza que florece en los corazones de nuestros niños.



